Visita al museo más moderno de madrid, el de ciencia y tecnología

Este fin de semana hemos pasado una tarde de alto voltaje en el Museo de Ciencia y Tecnología, que abrió hace algo más de un par de meses en el espacio ocupado hasta hace poco tiempo por CosmoCaixa. Quieres dar una vuelta con nosotros?

Tenemos la certeza que la educación en ciencia es vital para los chavales, y hoy en día la ciencia no se concibe sin tecnología. Por eso, nos gustan tanto los juguetes que fomentan la educación, la experimentación y el aprendizaje. Y por eso, nos gustan tanto los MUNCYT. Ya conocemos el de A Coruña y nos encantó, y estábamos ansiosos de tener el momento adecuado para estrenarnos en el de Alcobendas.

Tuvimos la suerte de hacer la visita “Cortocircuitos”, donde mediante un hilo conductor te hacen comprender el espíritu y los objetivos de cada sala. Dependiendo de las características del grupo, los guías que trabajan en el museo, altamente motivados y con profundos conocimientos sobre todos y cada uno de los objetos expuestos, varían el tema sobre el que trata el hilo conductor, adecuando el nivel científico a las edades de los visitantes. Tenemos que volver al menos otras 3 veces más, para hacer las otras visitas guiadas: “Patrimonio en profundidad”, “Gabinete de ciencias”, y “Biotecnología”.

Empezamos la visita puntualmente a la hora indicada, en la zona “Patrimonio”, donde la monitora empezó con su retahíla de preguntas a las chavalas y chavales del grupo, del tipo: ¿Qué es el patrimonio? ¿Sabéis de quién son todos los objetos que hay en este museo? Tuyo, tuyo, tuyo y tuyo también, decía, mientras señalaba a las divertidas personas del grupo. Desde el principio, con una charla amena y didáctica se metió en el bolsillo a todas la chavalería.

A continuación, os resumo lo más importante de cada espacio que fuimos visitando.

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En la sección “Lo pequeño se ve grande”, aprendimos la historia del microscopio “rojo”, conocido así por haber sido importado en clandestinidad durante la época franquista en el maletero de un coche particular, para llegar hasta la Fundación Jimenez Díaz.

 

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De ahí pasamos a “Fascinación”, donde se pueden ver, ordenados cronológicamente, un montón de artefactos y cachivaches para hacer cine, con referencias tan populares a Orson Welles, o a las cámaras Hasselblad que viajaron a la luna sin billete de vuelta, y que aún deben seguir allí.

 

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En “Más vale prevenir que curar” escuchamos historias sobre Severo Ochoa, la importancia de la higiene, vimos los sillones de la consulta del dentista del siglo pasado (con la pregunta ¿Quién va al dentista…? incluida para mantener la atención de los pequeños), un inhalador de cerámica precioso (no como los de plástico de hoy en día), y conocimos la historia del bacín colorao: ¿Quién por dos duros no caga sentao?

 

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En el espacio “Tecnoevolución” vimos los primeros telégrafos, el teléfono de esqueleto fabricado por Ericsson, las primeras radios Telefunken y las teles mastodónticas con pantallas minúsculas que se veían “como el canal plus codificao”, en palabras de nuestra estupenda guía.

 

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De ahí pasamos al espacio “Ruedas”, donde puedes encontrar todo tipo de vehículos históricos, desde los monociclos, a un coche de madera y piel de principios del siglo pasado, hasta el más moderno “Abarth OT-2000” construido con fibra de vidrio en 1968, que podía ir a la despeinante velocidad de 270 km/h. Allí puedes ver hasta la moto con la que el abuelo de Sete Guibernau, Paco Bultó, ganó varios grandes premios.

 

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En la zona de “Innovación Española” pudimos conocer la historia de Mónico Sánchez Moreno, inventor del aparato de rayos X portátil. Con el dinero obtenido de la venta de la patente, llevó agua y luz a su pueblo natal, Piedrabuena, y construyó una fábrica con la que dio empleo a la población de su lugar de nacimiento y los alrededores.

 

De este espacio expositivo de nuestra visita, pasamos al piso de arriba, donde entramos en la espiral de la geolocalización. sección llamada “Matemáticas, Astronomía y navegación”. En este espacio, aprendimos cómo la humanidad siempre ha estado erre que erre intentando saber dónde está, cómo llegar de un sitio a otro, y la importancia de saberlo. Desde los primeros mapas de los magrebíes, donde el centro del mundo estaba en marruecos, y todo el mapa está del revés (para nosotros), pasando por los astrolabios, ballestillas, compases de artillería, calculadoras cilíndricas, hasta los sistemas de medición de tiempo, como los cronómetros marinos o calendarios republicanos (tan extraño como efímero), aquí puedes hacerte una buena idea de cómo se orientaban los antiguos sin gps, relojes de pulsera, ni teléfonos móviles. También aprendimos lo rencorosa que es la iglesia católica, que tardó más de quinientos años en pedir perdón a Galileo, quien confirmó que la teoría heliocéntrica de Copérnico era cierta.

 

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Con las risas de los escolares todavía oyéndose por esto último, nos llevaron al gabinete de ciencias, donde hicimos una visita muy corta por los instrumentos originales provenientes de la aplicación de la Ley de Instrucción Pública Moyano, y nos paramos a ver los más espectaculares y a la vez, sencillos. Entre otras muchas cosas, aprendimos que el magnetismo debe su nombre a la ciudad de Magnesia, y finalmente vimos la aplicación de la ley de newton, primero en el instrumento original de 1857, y luego en un video en YouTube en la tableta de la guía. Un final muy apropiado para esta visita.

 

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He de deciros que los pequeños, después de más de 45’ escuchando embelesados a la guía, se quedaron con ganas de seguir viendo más cosas, y de seguir con los Oooh! y Ahhh! que nos acompañaron durante toda la visita.

A nosotros nos encantó, y por ello les doy mis más sinceras felicitaciones al museo, y en especial a la guía que nos acompañó por hacer tan amena la visita.

Una vez terminada la visita guiada, nos pasamos más de dos horas viendo artilugios, experimentando con aparatos, aprendiendo sobre biotecnología, e incluso tuvimos tiempo de participar en el taller de electricidad, donde entre otras cosas, recibimos una descarga de más de 60.000 voltios. Y nos reímos mucho. Pero mucho, mucho.

A propósito de los talleres: los guías nos comentaron que están abiertos a escuchar propuestas sobre realización de los mismos. Aprovecha la oportunidad y envíales tus ideas a infomuseo arroba muncyt.es

Realmente merece la pena. Chavales desde primero de Infantil aprendiendo ciencia de una forma sencilla, amena y accesible. Así es el MUNCYT, y así debería ser.

Y vosotros, ahora que conocéis un poquitín más el museo, ¿os vais a quedar en casa?

Fotos por Gonzalo y Muncyt

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2 pensamientos en “Visita al museo más moderno de madrid, el de ciencia y tecnología

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